Tu ensayo es tu voz en forma escrita. No se trata de perfección, sino de conexión. Sé honesto/a, sé tú mismo/a y escribe con valentía. Nunca sabes en el corazón o en la memoria de quién puede quedarse tu historia.
Lee tu ensayo en voz alta. Esto te ayudará a detectar frases raras, repeticiones o partes que no suenan como tú.
Revisa el límite de palabras o caracteres y respétalo. Estos límites no son negociables en solicitudes universitarias, becas y futuros trabajos académicos. Incluso pasarte por unas cuantas palabras puede hacer que tu ensayo sea cortado o rechazado. Practicar esto ahora te ayudará mucho más adelante.
Pide a una o dos personas de confianza (un/a maestro/a, consejero/a, mentor/a, o incluso contáctanos a nosotros) que revisen tu ensayo.
Escucha la retroalimentación, pero mantén tu voz. Haz solo los cambios que se sientan auténticos para ti.
Guarda tus borradores para poder ver tu progreso y recuperar versiones anteriores si lo necesitas.
Consejo: Evita usar inteligencia artificial o herramientas de edición que reescriban completamente tus palabras. Las universidades quieren tu historia, no un ensayo “perfecto” escrito por un bot.
La historia que cuentes hoy podría ser la razón por la que alguien crea en tu potencial mañana.
Tips sobre la estructura del ensayo
Si no sabes por dónde empezar, esta estructura sencilla funciona para la mayoría de los ensayos:
Introducción (gancho): Comienza con un momento o pensamiento vívido que atrape a quien lee.
Desarrollo: Cuenta tu historia — qué pasó, cómo te sentiste y qué aprendiste.
Reflexión: Cierra con una idea clara. ¿Cómo esta experiencia influyó en tus metas, tu forma de pensar o tus planes para la universidad?
Errores comunes que debes evitar
Escribir lo que crees que la universidad quiere escuchar.
Enumerar logros en lugar de contar una historia.
Empezar demasiado tarde y apresurar las revisiones.
Enfocarte solo en otras personas y no en ti (tu ensayo debe revelar quién eres).
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